miércoles, 2 de noviembre de 2016

María Gainza








–La última mentira que dijiste.

–Qué bien la pasé anoche.

-¿Cómo llegás al momento de sentarte a escribir? ¿Algún ritual u obsesión?

–No tengo rituales. Eso le pondría una presión al acto de escribir que me jugaría en contra. Escribo en cualquier parte siempre que sea en mi casa. Puedo estar sola o acompañada. Eso sí: no me interesa ser una escritora que escribe todos los días. No digo que esté mal, sólo que a mi no me funciona así. Soy hedonista e infantil. Escribir tiene que ser divertido… el problema es que rara vez lo es. Por eso escribo de a ratos muy cortos y apenas me empiezo a aburrir, corto. Ahora, obsesiones, todas. Para que me funcione el tema me tiene que obsesionar, me tiene que hervir la cabeza, literal.


–¿Golpes de inspiración o trabajo constante?

–Escribo como un géiser, de a erupciones. Pero las veinticuatro horas atenta a los movimientos subterráneos del magma, al agua que empieza a elevar su temperatura. A la vez, cuando me decido por un tema no lo suelto fácil. No es por falta de ganas —el impulso de largar todo e ir a plantar calabacines siempre está— pero me agarra una suerte de competencia con mi propia voluntad, como si le dijera: “a mí no me vas a quebrar”. De todas formas, ahora que lo pienso, no sabría plantar calabacines.


–¿Durante ese proceso, imaginás un lector? ¿Es alguien definido?

–No me da la cabeza para tanto. Ya bastante con imaginar la historia.

–¿Qué otras actividades te inspiran?

Si supiera las haría más seguido.

–¿Sentís que tu escritura evoluciona o se modifica con el tiempo?
        
¿Evolución? ¿Como la de las especies? ¿No sería pedirle demasiado a mis rudimentarios palotes?

–¿Tenés alguna idea postergada por sentir que te faltan herramientas?

–Por suerte las ideas que tengo terminan adecuándose a mis escasas herramientas. No tengo grandes aspiraciones.

–¿Cómo es tu experiencia con los editores y el proceso de publicación?

–No me puedo quejar, he tenido mucha suerte.

–¿Qué es un buen editor?
        
–Alguien que, si lo hace bien, ejerce uno de los oficios más generosos e invisibles del mundo.

-¿Cómo se escribe hoy? ¿Las redes sociales modificaron la manera en que se piensa?
        
–No sé nada de redes sociales. Pero me gustan mucho las redecillas para hacer rodetes, un resabio de mis años de bailarina.

–¿Con qué criterios define la crítica cuáles autores son importantes?

–No leo crítica, dice una ex crítica de arte.

–El último libro que te haya sorprendido.

–The love child, de Edith Olivier.

–Un contemporáneo al que admires profundamente, en secreto.

–Mariana Enríquez; todo lo que hace lo hace bien. Pero no sé si vale porque no es secreto.

–Tu top five. Vale todo.

–Soy fanática de mi hija (que tiene nueve), de mis animales (que ahora son dos gatos pero antes fueron dos perras), de mis amigos (que son pocos), de mi casa (de la que no saldría nunca), de mi biblioteca (que está muy desordenada pero yo la entiendo) y de cualquier superficie cuadrada, rectangular o circular, preferentemente en tela, que esté pintada al óleo (aunque para no ponerme talibana, también puede estar pintada con acrílico).

–¿Cómo es tu relación con el dinero?

–Depende desde de dónde lo mire, puede ser un defecto o una virtud: soy muy inmadura o muy desapegada.

–¿Y con el tiempo? ¿Cuánto se resigna para escribir, digamos, “profesionalmente”?

–Soy mala con la plata pero buena con mis tiempos. Negocio bien y trabajo rápido, tengo muchos kioscos al mismo tiempo y siempre estoy cerrando uno y abriendo otro.

–¿Imaginás cómo te perciben tus pares? ¿Y el que te lee? ¿Es lo mismo?

–Me encantaría pero no tengo esa percepción. Y salvo dos o tres escritores, no conozco a mis pares. No porque no me interesen, sino porque salgo poco y no soy del palo.

–¿Qué te angustia?

–Todo. Todo. Todo. Pero de tanto mirar el pozo negro ya me estoy acostumbrando.

–El mejor consejo que te dieron.

–No suelen darme consejos. ¿Por qué será? ¿O será que me aconsejan y yo no escucho?/////

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MARÍA GAINZA

Nació en Buenos Aires pero la fecha exacta es materia de discusión. Trabajó en la corresponsalía de The New York Times en Buenos Aires y fue corresponsal de ArtNews. Fue por más de diez años colaboradora regular de la revista Artforum y del suplemento Radar del diario Página/12. Ha dictado cursos para artistas y talleres de crítica de arte, y fue coeditora de la colección Los Sentidos sobre arte argentino de Adriana Hidalgo Editora. En 2011 publicó Textos elegidos, una selección de sus notas y ensayos sobre arte argentino (Capital Intelectual) y en el 2014, su guía caprichosa de museos, El nervio óptico (Mansalva). Con viento a favor, puede que antes de fin de año termine su primer intento de novela.












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